martes, 21 de junio de 2022

PADRE MAURICIO

Cura viejo: Padre Mauricio, ¿cómo le va? ¿Qué lo trae por aquí?

 

Cura joven: Padre Esteban, me quiero confesar. Usted es bastante mayor que yo, siempre lo respeté mucho. Lo admiro en todo sentido, por eso ahora lo busco como confesor.

 

Cura viejo: De acuerdo, hijo. Te escucho. ¿Qué te está sucediendo?

 

Cura joven: Es que…, me da un poco de vergüenza decirlo. O más bien: consternación. Me cuesta…

 

Cura viejo: Te entiendo. Pero no te preocupes: para eso estamos los pastores de almas, para saber escuchar a nuestro rebaño, y orientarlo. A ver… ¿qué te pasa? Tranquilo, dímelo.

 

Cura joven: ¿Sabe una cosa, padre? He pensado en suicidarme.

 

Cura viejo: ¡Uy, caramba! Eso es grave. Pero, ¿qué está pasando, padre Mauricio? ¡Eso es pecado!

 

Cura joven: Sí, sí... ¡Lo sé! Por eso estoy tan preocupado. No quiero hacerlo, por supuesto que no. Pero las circunstancias, la vida me está empujado hacia eso. Sé que está muy mal, pero lo pienso.

 

Cura viejo: Bueno, tranquilo. Veamos…, ¿cómo has llegado a esa idea?

 

Cura joven: Por las cosas que me están sucediendo. No aguanto más…

 

Cura viejo: Cuenta tranquilo, hijo. Con humildad, con respeto a nuestro Señor Jesucristo y al Sumo Hacedor, padre celestial omnipotente. ¡Cuenta!

 

Cura joven: ¿Puedo contar tranquilo, padre?

 

Cura viejo: ¡Pero por supuesto! ¿No estamos para eso acaso? Para saber escuchar las cuitas, las tribulaciones de estos gusanos inmundos y pecadores que somos todos. ¡Por supuesto que sí, padre Mauricio! Hay secreto de confesión, ya lo sabes.

 

Cura joven: Sí, claro. Bueno… sucede que embaracé a una mujer.

 

Cura viejo: Ahá… ¿Y por eso te quieres suicidar?

 

Cura joven: No, no… No es por eso. Eso se arregla. El problema es más grave.

 

Cura viejo: ¿Es casada ella?

 

Cura joven: Sí, efectivamente. Son una pareja que viene todos los domingos a misa. Usted les conoce, padre.

 

Cura viejo: Bueno, pero…. ¿qué te lleva a pensar en tomar una decisión así, tan tremenda, tan contraria a los designios de nuestro Señor todopoderoso?

 

Cura joven: Es que pequé más aún: me metí también con la hermana de esta mujer.

 

Cura viejo: Ah, eres bígamo.

 

Cura joven: Como usted.

 

Cura viejo: ¡¡¿Qué dices?!!

 

Cura joven: Como usted bien sabe…, eso quise decir. No, no… perdón. Como usted bien sabe, padre Esteban, la carne es débil.

 

Cura viejo: (silencio)

 

Cura joven: Y ahí viene la parte fea, tremenda, oscura. El tormento que me está llevando a pensar en esta salida improcedente.

 

Cura viejo: ¿Qué sucedió?

 

Cura joven: Con la hermana no tuve erección.



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