Refiriéndose al pene, es común decir que "el tamaño no
importa, sino lo que se hace con él". Con los pechos de las mujeres podría
afirmarse otro tanto. Pero sin embargo, los pechos enormes
y erguidos han sido transformados en íconos sexuales en estas últimas décadas
por obra y gracia de la publicidad; de todos modos, al igual que sucede con el
tamaño del órgano genital masculino, su capacidad de dar goce (a varones y
mujeres, activa o pasivamente) no está en dependencia de su dimensión. Aunque
en apariencia los senos voluptuosos pudieran hacer creer en una mayor capacidad
de goce que los más pequeños, de hecho no son más sensibles al estímulo sexual.
En todo caso, sí alimentan una pulsión escópica. Ese es el goce específico con
el que se ligan directamente, pero ningún orgasmo "mejora" por el
tamaño de los pechos, así como tampoco "mejora" por el tamaño del
pene.
"Redonda con perfil
alto, redonda con perfil bajo y en gota… tenemos la medida justa que necesitas",
puede leerse hoy ya como algo común. "Mejora tu imagen. Hazte ya tu
implante. Facilidades de pago. Aceptamos todas las tarjetas de crédito"…
Anuncios de este tipo pueden encontrarse en muchos países en cualquier revista,
en afiches publicitarios, en mensajes de redes sociales, del mismo modo que se
mercadea una prenda de vestir, una licuadora o un rollo de papel higiénico. Pero
que la publicidad haya transformado los prominentes pechos (artificiales en
casi todos los casos) en un símbolo obligado de sensualidad femenina, no hace
que por fuerza todos los varones "compren" el producto mercadeado. Una
investigación reveló que un 25% de los varones entrevistados prefiere los
pechos grandes mientras que otro 25% opta por los pequeños, en tanto que el restante
50% elige otros atributos físicos en la mujer, no importándole especialmente el
tamaño de los senos. Y tampoco en el ámbito femenino las ventas de la nueva
mercadería son totales: no todas las mujeres corren desesperadas a hacerse su
implante mamario. Pero sí despierta, a veces, preguntas, cuestionamientos,
incluso malestares.
Independientemente de nuestros gustos
personales (tanto hombres como mujeres) –siempre en dependencia de nuestros
fantasmas inconscientes–, lo cierto es que la "moda" de los grandes
pechos se ha instalado, y como sucede en estos fenómenos sociales, una vez
instalada la tendencia, es muy difícil –a veces imposible– dar marcha atrás.
Moda del plástico, de lo superficial, idolatría
de lo nuevo, creencia acrítica en que todo lo novedoso es bueno y superador,
cultura de lo "light", culto a la cosmética…, en otros términos:
fetichismo extremo de nuestros tiempos en donde los nuevos dioses son la
adoración de las cosas materiales, la veneración reverencial de la imagen, de
lo externo. ¿Se es más feliz con todo esto? ¿Hay realmente mejores orgasmos con
las prótesis de silicona? ¿Somos tan fetichistas –voyeuristas los varones,
exhibicionistas las mujeres– que nos llama más la atención el ver o el dejar
ver un pecho enorme que ninguna otra cosa? ¿El culto a la imagen fascinante
tiene tanta preponderancia en la dinámica humana, o eso es producto de una gran
construcción mediática, una mercadería más que se instaló y se mantiene con
técnicas de mercadeo porque se vende bien? ¿Por qué ahora hay que
"consumir" pechos plásticos? ¿Qué pasa si no se los consume?
Toda la parafernalia de la cirugía estética de los senos,
además de tener pasivas consumidoras y consumidores, también tiene sus detractoras/es.
Desde su aparición, los implantes mamarios rellenos de gel de silicona han sido
señalados como los responsables de un sinfín de calamidades: desde asma,
artritis y cáncer, hasta causa de suicidios en no pocas mujeres, insatisfechas
con el resultado final del implante. En verdad no existe ningún estudio científico válido
que diga que el cáncer de seno o las enfermedades del colágeno son producidas
por estos implantes. Pero sí, como toda cirugía, la mamoplastia de aumento que realiza la cirugía estética tiene
riesgos. Entre ellos se encuentran: el riesgo general de la anestesia, pérdida
de las sensaciones, dolor, posible ruptura del implante, irregularidades en la
piel, cicatrices, posible asimetría en el tamaño del busto o localización de
los pezones, infecciones, sangrado, dislocaciones o caída del implante lo cual puede
causar flacidez o abultamientos en lugares no deseados, formación de tejidos
alrededor del implante, interferencia con las mamografías para determinar
cáncer o tumores, formación de hematomas, tejido muerto alrededor del implante,
rechazo al implante con los consecuentes síntomas (fiebre, infección y otros). Y
el mayor riesgo de todos: la cicatrización de la intervención quirúrgica.
¿Por qué se impuso de tal manera esta "necesidad"
de ser bella a través de unos pechos artificiales? ¿Por qué los implantes en un
80% de casos se hacen sólo para seguir una moda? (solo 20% tienen propósitos
medicinales). ¿Por qué el modelo actual de sociedad no puede alimentar a toda
la población mundial –el hambre sigue siendo la principal causa de muerte de los
seres humanos– mientras se gastan cantidades monumentales (más de 12.000
millones de dólares anuales) en productos cosméticos, en cuenta los implantes
de siliconas? ¿No nos habla todo esto de una tendencia que impone el sistema capitalista
en donde el culto a la superficialidad y al consumismo banal pareciera
entronizarse cada vez más?
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