viernes, 24 de mayo de 2019

POR FAVOR, RESPONDER ESTA PREGUNTA (bueno… si querés)





Hilario era determinante en sus decisiones, inflexible. Su severidad era proverbial. Así había criado a sus cinco hijos (dos mujeres y tres varones), en la recta doctrina de la fe católica, y así dirigía toda una sección del Opus Dei, por quien daba su vida. Estricto como el que más, medio en broma, medio en serio, decía anhelar los "buenos" tiempos, cuando la letra "con sangre entraba", y cuando las piras sofocaban toda heterodoxia.

La discusión frente a las cámaras de televisión había sido de antología. Él, junto a un obispo y a un abogado conservador, todos de extrema derecha obviamente, habían debatido con unos "herejes endemoniados" -tal como les había llamado- pertenecientes a una organización pro aborto. El debate, bien conducido por los dos moderadores, no había concluido nada nuevo: los abortistas chocaban contra un muro inexpugnable, donde Hilario llevaba la voz cantante, más que monseñor, con un vehemente discurso en defensa de lo que, para él, era un designio divino.

Apenas terminado el programa, los dos jovencitos, al unísono, tuvieron la misma idea. Con picardía se entendieron, y en un santiamén armaron el plan. Secuestrarían, violarían y embarazarían a la hija del ortodoxo dirigente católico, María del Pilar del Perpetuo Socorro de Nuestro Señor Jesucristo, Maripili. ¿Qué diría después Hilario? De sólo pensarlo, los dos amigos se extasiaban, morían de goce. "¡Probarás tu propia medicina, viejo de mierda!"

No les fue muy difícil materializar la maquiavélica idea. Como todos -también la hija de Hilario- gozaban de buena posición económica; eso facilitaba las cosas. Aprovecharon una de las camionetas BMW del padre de Mario, con vidrios polarizados. La secuestrada fue llevada a uno de los chalets de fin de semana de Antonio, el otro joven, donde el guardián luego dijo no haber visto nada.

La operación no era sencilla, porque tenían que mantenerla en cautiverio varios días, violándola reiteradamente para asegurarse que el embarazo sí se consumaba.

El operativo salió todo un éxito, pues no se levantó ninguna sospecha -cercano a la casa-quinta casi no vivía nadie, pues eran todas viviendas de fin de semana- y con relativa comodidad pudieron entrar y retirar a la muchacha sin contratiempos.

La familia de Maripili no podía creer lo ocurrido. En principio trataron de mantenerlo en riguroso secreto, pero el plan de Mario y Antonio consistía básicamente en forzar de manera pública a este antiabortista del Opus Dei a tener que tomar partido. Con una hija embarazada de esa manera, ¿se atrevería a abortar?

¿Qué piensa usted, estimada/o lectora/or? ¿Qué debería hacer Hilario?

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