sábado, 7 de agosto de 2021

DESDE INTERNET NOS ESPÍAN

“Los usuarios de internet invierten en ella en promedio seis horas y 54 minutos diarios: la duración usual de una jornada de trabajo. Estas desmesuradas clientelas son mercados inconmensurables que incesantemente aportan a sus operadores datos invalorables y reciben a cambio publicidad y propaganda. Imaginemos que un servicio postal por el mero hecho de transmitir correspondencia se atribuyera el derecho de abrir todas las cartas que transmite y de utilizar su contenido libremente. Tal servicio no tardaría en ser denunciado como inadmisible instrumento de tiranía y en perder la totalidad de sus usuarios. Tal es el caso de internet.”

Luis Britto García




viernes, 6 de agosto de 2021

BOMBA ATÓMICA EN HIROSHIMA. ¿CUÁNDO PEDIRÁN PERDÓN?

6 DE AGOSTO: HOY SE CUMPLEN 76 AÑOS DE ESA MONSTRUOSA MASACRE

 

Todos los imperios son detestables. Todos, absolutamente todos por igual. Lo son no sólo porque impongan a los dominados su cultura, su modo de vida, su cosmovisión, porque los expolien económicamente, porque los degraden en términos humanos. Son detestables, además, porque basan su dominio en la fuerza bruta. En ese sentido ningún imperio se diferencia de otro. Su mensaje es violento, y la violencia engendra más violencia: círculo vicioso del que es muy difícil salir.

 

¿Es Estados Unidos más malvado que el Imperio Romano? ¿O que la Confederación Inca en su expansión por medio continente sudamericano? ¿Quiénes fueron más despiadados: el católico reino de España en su conquista de América o las hordas de Gengis Khan en Asia Central? En definitiva, ¿no estaban alentados por similar ansia de poder los faraones egipcios que la "raza superior" de los nazis? Entramos al tercer milenio de ¿civilización? y la fuerza bruta sigue siendo la que marca la diferencia entre los pueblos. En ese sentido: ¡el tamaño sí importa! Continúa imponiendo las condiciones, igual que en la época de las cavernas, el que detenta el garrote más grande. Lo patético es que hoy ese garrote se llama energía nuclear, y con eso estamos eternamente ante un barril de pólvora, siempre listos para la catástrofe atómica que puede extinguir a la Humanidad en su conjunto y toda forma de vida sobre la faz del planeta.

 

La diferencia con el imperio actual radica únicamente –lo cual no es poco– en las características de su poderío. El poder destructivo que acumuló la sociedad estadounidense no tiene parangón en la historia. Como todo imperio seguramente también caerá. Pero por ahora, aunque va perdiendo el dinamismo de décadas pasadas, no. Al contrario, como gigante malherido, está dispuesto a tornarse cada vez más violento, a defender cada vez en forma más brutal sus privilegios. Por lo pronto, su capacidad bélica es desmedida: la mitad de los gastos militares del mundo se hacen ahí. Muy buena parte de su economía está dedicada a la industria armamentística, y si bien terminó formalmente la Guerra Fría, la agresividad belicista no termina. Su poderosa corporación militar-industrial es la que fija su política exterior.

 

Para dejar en claro que no cederían un milímetro en su creciente dominio planetario, la dirigencia de este país hizo algo que ninguna otra sociedad se ha atrevido a hacer hasta ahora: usar armas nucleares contra población civil no combatiente.

 

Llenándose la boca con altisonantes palabras como "democracia", "libertad", "derechos humanos", su agresividad no tiene comparación. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial son, sin ningún lugar a dudas, la super potencia capitalista; en modo alguno era necesaria la carnicería de Hiroshima y Nagasaki para evidenciar su poder. Pero el poder es así: impune.

 

Vencida ya la Alemania nazi y a punto de capitular el gobierno de Japón, la suerte de esa gran contienda que enfrentó prácticamente a toda la humanidad ya estaba sellada para agosto de 1945. Arrojar armamento nuclear no cambiaba en nada la resolución militar. Fue, en todo caso, una amenaza. Tal como hoy día lo es, en buena medida, la hiper militarización del mundo. La paz no se construye de esa manera: los misiles nucleares de Corea del Norte son "malos". ¿Los de Washington son "buenos"?

 

"Aquí mandamos nosotros, y eso no se discute". Ese, solo ese, fue el mensaje que enviaron las dos explosiones atómicas. Una advertencia al mundo: a las otras potencias capitalistas, y al incipiente campo socialista.

 

Pero el mundo ya no es el mismo. Hoy día Estados Unidos no tiene el monopolio nuclear. El mundo cambia, y aunque el campo socialista ha sufrido últimamente duros reveses, la reacción de las grandes masas humanas que siguen viviendo con penurias no ha terminado. Ahí están, a la orden del día, protestas populares por todas partes. La historia la escriben los que ganan; en este caso, sobre los hongos nucleares que costaron miles de vidas. Pero la historia no ha terminado.

 

¿Pedirán perdón alguna vez los dirigentes estadounidenses por esa inmoral masacre cometida en Japón en 1945? Es lo mínimo que se podría esperar de un país civilizado.

 


jueves, 5 de agosto de 2021

AMORES QUE NUNCA ACABAN

Sergio era el bobalicón de la clase. Había pegado el estirón de la pubertad antes que los otros compañeros, por lo que a sus 12 años ya era un gigante de 1.80 mts. Pese a su tamaño -altura y peso, pues rondaba los 120 kgs.- seguía teniendo cara de niño asustado. En realidad, era un tierno niñito asustado.

 

De figura imponente, resultaba incapaz de matar una mosca, por eso todo el resto del grupo, incluida las mujeres, lo acosaba de continuo. No era mal alumno, aunque tampoco destacaba por sus notas. La pésima ortografía era su sombra negra. Incluso su nombre, en más de alguna ocasión, lo había escrito con errores: Cergio. Término medio en todo: ni triste ni alegre. Siempre con una sonrisa a flor de labios, aunque nada la justificara, soportaba estoicamente las burlas.

 

En su casa no decía una palabra de las ofensas recibidas en el colegio. Secretamente, sufría horrores. Su rostro aparentemente alegre era una burda máscara que ocultaba un furioso volcán listo para estallar en cualquier momento.

 

Después de mucho insistir, consiguió que sus padres aceptaran inscribirlo en un gimnasio. Oficialmente iría a hacer ejercicios para reducir el ya incipiente abdomen. El fin real, oculto para sus progenitores, era tomar clases de boxeo. Nunca lo dijo en su hogar, pero ya desde el inicio dejó atónitos a sus preparadores: su fuerza en los puños era desproporcionada. No podían creer que un jovencito de 12 años pudiera abrir un considerable hoyo en la pared de un directo. ¡Y no se quebraba los nudillos!

 

Fue allí que conoció a Mirtha. La jovencita, escultural muchacha quinceañera que concitaba la lasciva mirada de todos los varones del gimnasio, inmediatamente quedó fascinada con Sergio. Y él con ella. Fue Mirtha quien lo animó a salirse de su lugar de objeto atormentado, eternamente acongojado, sufriente. “Sos una cosa acosada”, dijo con pícara sonrisa.

 

Esas palabras fueron suficientes para despertar en Sergio sus ansias de venganza. El dolor acumulado era tan fabuloso que una pequeña chispa podía encender el fuego. Y el fuego se encendió. Más que fuego, fue una monumental hoguera con ribetes sádicos, una pira inapagable que iba ardiendo cada vez más.

 

Eran varios los promotores del acoso, pero en especial dos: Marcelo y Martín. Sergio pensó en ir eliminando a todos los molestos; los líderes del grupo encabezaban la lista, aunque había muchos más.

 

Fue buscando la manera de encontrarse uno a uno con aquellos de quien deseaba vengarse, siempre a solas, sin testigos. El baño de la escuela era el lugar ideal. Fue así que los tres primeros “ajusticiados” requirieron, en todos los casos, sendas hospitalizaciones. Sus cross al rostro eran demoledores. Uno de los atacados terminó con el tabique nasal fracturado, necesitando operación; el otro perdió su ojo derecho. Un tercero, de los que más se burlaba, perdió cuatro piezas dentales y debió recibir cirugía restaurativa en el labio superior.

 

Las autoridades del centro educativo estaban escandalizadas. No había ninguna prueba que pudiera incriminar a nadie. Se dio parte a la policía de Montevideo para que actuara, pero la institución no supo bien cómo tomar cartas en el asunto. Destinó algún investigador, aunque éste poco pudo hacer.

 

Se sospechó que podía ser Sergio quien estuviera tras todo esto tomándose venganza, pero no había modo alguno de demostrarlo. Eso no pasaba de la conjetura. El vengador, sabiendo que ya se habían encendido las alarmas en la escuela, prefirió cambiar un tanto las reglas de juego. Seguirían las venganzas -ya le había entusiasmado la obra-, pero tomándose otros recaudos. Ya no sería en la escuela.

 

Ante las sospechas que podían levantarse sobre su persona, Sergio optó por la seguridad. El ansia de venganza podía esperar. Más aún: si no tomaba las precauciones del caso, el plan podía estropearse.

 

Pasaron varios meses desde los primeros heridos. La dirección del establecimiento intentó por todos los medios mantener un bajo perfil para con lo sucedido. Dos de los jovencitos fueron retirados del colegio, y sus padres abrieron juicios. La policía y el sistema de justicia no sabían cómo proceder. Sergio sí.

 

“El sufrimiento padecido no podía quedar así”, se decía. Su ahora noviecita lo alentaba a seguir adelante con su empresa. Quedaban todavía los principales, los instigadores: Martín y Marcelo. El acoso hacia él, luego de los rostros destruidos a trompadas, había cesado por completo. Ahora todo el mundo se acercaba amistosamente a Sergio. Incluso Beatriz, la más bonita de todas las muchachas, se le arrimaba en son de conquista. El ayer acosado ahora seguía sonriendo con su cara de bobalicón, pero permitía que la clase completa fingiera ser su amiga. Él también fingía.

 

Así fue como pudo conocer la dirección de la casa de Martín. Una tarde, con cualquier excusa, prepararon una visita de Mirtha al lugar. La jovencita, a quien el otrora acosador no conocía, logró que Martín saliera de su morada. Mientras lo distraía/seducía con cualquier banal argumento, de detrás de un árbol apareció Sergio, oportunamente enmascarado. De un aparatoso gancho al hígado derribó a Martín, quien ya en el suelo recibió ocho patadas en la cabeza. La conmoción cerebral sufrida le impidió terminar ese año escolar.

 

En la escuela ya todos estaban consternados, alumnos, maestros, autoridades, padres de familia. El verdadero sentimiento que cundió era de terror. ¿Quién sería el próximo?

 

Sergio jugaba a la perfección su papel de tonto. Igual que todos los jovencitos y jovencitas, se mostraba atribulado por los acontecimientos. Con su familia, que ya se había enterado de los sucesos, fingía extrañeza y preocupación. Algunos estudiantes sospechaban de él, pero no lo podían creer, pues los vejámenes ya habían desaparecido. Ahora todos lo querían, lo respetaban, incluso algunas lo admiraban. De esa forma, no había motivos. O no los había aparentemente. El odio acumulado seguía ahí. “La venganza es el placer de los dioses”, escuchó por allí; la frase le pareció apoteósica.

 

Faltaba muy poco para finalizar el ciclo lectivo. Restaba aún por ajusticiar al principal, el que realmente había promovido los abusos desde dos años atrás, y que a inicios del presente año había llegado al colmo de orinar en la cabeza de Sergio: Marcelo.

 

Quiso la casualidad que a dos días del final de las clases, terminando un recreo, ambos jóvenes se encontraron en el baño de varones. Estaban ellos dos solos; el resto de muchachitos ya se había retirado (algunos iban a fumar a escondidas allí; eran sus primeros cigarrillos, por supuesto con toda la adrenalina de la travesura). Marcelo pretendió ser simpático, pero el tremendo uppercut de derecha de Sergio a la mandíbula del atacado no le dejó terminar la frase comenzada. Al caer, su nuca golpeó mortalmente contra un inodoro. 

 

Sergio, al constatar la gravedad de lo sucedido, abandonó el baño con todo sigilo. Nadie vio lo acontecido. Solo un buen rato más tarde, al constatar la maestra que faltaba Marcelo en el salón, se prendieron las alarmas. Cuando llegaron los paramédicos en la ambulancia, el joven yacía boca arriba. No había nada que hacer: el golpe en la nuca había sido fatal.

 

El noviazgo de Sergio y Mirtha no duró mucho. Al hacerse pública la muerte de Marcelo, la muchacha interrogó estupefacta a su novio. Sergio negó rotundamente su participación. “Se debe haber resbalado y golpeado la cabeza al caer”, respondió con frialdad. Como no había ninguna otra señal de agresión -el golpe en la mandíbula no podía constatarse-, finalmente se impuso la explicación de un accidente fortuito. Sergio, satisfecho, sonreía en silencio.

 

Andando el tiempo, la vida de todas y todos quienes habían vivido esos acontecimientos, siguió cursos muy diferentes. Mirtha alguna vez contó, cuando daba testimonios a la Comisión para la Paz que estudiaba el caso de los desaparecidos durante la dictadura de los años 70-80, que ella seguía sin entender qué había sucedido. A Sergio dejó verlo desde aquella época de la escuela primaria. Supo por terceros que él se había metido a la policía. Ella, al Movimiento Tupamaros, la guerrilla marxista del Uruguay. En una redada, junto a varios compañeros de militancia, fue hecha prisionera. Ya en la sala de torturas, el verdugo que se ocupó de ella se le hizo familiar. Aunque llevaba capucha y hablaba muy poco, su voz era inconfundible. Apenas si la golpeó. Se electrizó cuando escuchó que iban a violarla. El torturador del caso, a los gritos, mandó que se fueran los otros y que él se ocuparía. No termina de entender, ahora que pasaron muchos años, cómo fue que, medio drogada, apareció libre, no habiendo sido violada, arrojada en un descampado a las afueras de Montevideo. Lo más curioso, lo que se le hace absolutamente ininteligible, es el papelito que llevaba en su bolsillo del pantalón. “Grasias”, decía.



miércoles, 4 de agosto de 2021

VEJEZ

VEJEZ: ¿ENFERMEDAD? ¿HAY MOVIDA DE LAS EMPRESAS FARMACÉUTICAS TRAS ESTO? PARA PENSARLO, ¿VERDAD?






 

martes, 3 de agosto de 2021

TENEMOS HAMBRE….

Cuando hayas terminado de leer este texto habrán muerto aproximadamente 35 personas en todo el mundo…. ¡de hambre! Sí, ¡de hambre!, o de causas directamente ligadas a la falta de alimentación, aunque no lo puedas creer. En un mundo donde se produce aproximadamente un 45% de alimento más del necesario para nutrir bien a toda la población, la desnutrición sigue siendo uno de los peores flagelos de la humanidad. Flagelo, por cierto, totalmente extinguible; si no se extingue es porque el modelo económico-social reinante (¡el capitalismo!) no lo permite.

 

https://www.worldometers.info/es/



 

lunes, 2 de agosto de 2021

¿NOS EMPOBRECE LA PANDEMIA?

Guatemala está entre los países del mundo donde la diferencia entre su población rica y población pobre es más amplia. Se ha dicho que es el país donde existe la mayor cantidad proporcional de avionetas y helicópteros particulares por persona, mientras que, al mismo tiempo, es el segundo lugar de Latinoamérica -luego de Haití- y quinto en el mundo (UNICEF) en desnutrición infantil. Uno de cada dos niños guatemaltecos está desnutrido. ¿En un país productor neto de alimentos? ¿Cómo es eso posible?

 

Guatemala no es un país pobre. Por el contrario, tiene enorme cantidad de recursos naturales, produce muchos y variados alimentos, tiene un importante hato ganadero, hay abundante agua dulce, muchos minerales en su subsuelo, incluso petróleo, presenta salida a dos mares. No es pobre, para nada (está entre las primeras diez economías de Latinoamérica en relación a su producto bruto interno), pero la riqueza está tremendamente mal repartida creando enormes masas de pobres. En buena medida (alrededor de un 15% de la renta nacional) vive de las remesas que envían compatriotas desde Estados Unidos, donde trabajan en condiciones de suma precariedad, ilegales en muchos casos.

 

¿Por qué no se puede salir de esta situación de pobreza crónica que condena al 70% de la población a vivir en condiciones deleznables? Por la forma en que esa riqueza se reparte; mientras un muy pequeñísimo sector acomodado se queda con la mayor parte de lo producido, las grandes mayorías sobreviven con migajas. Si no fuera por esas remesas o por el trabajo de infinidad de niñas y niños que aportan alrededor del 2% del PBI (lo cual hipoteca su futuro, así como el de la nación), la pobreza de las grandes mayorías populares sería aún mucho mayor. Esas injustas condiciones fueron las que encendieron la guerra interna décadas atrás; pero terminada la guerra luego de 36 años con una cantidad tremenda de secuelas, nada ha cambiado en lo sustancial. El racismo histórico, más allá de un cambio bastante cosmético -los pueblos mayas pueden celebrar sus cultos abiertamente ahora- permanece.  

 

Hace más de un año llegó la pandemia de COVID-19. Como en todas partes del mundo -con excepción de algunos países socialistas que la pudieron manejar exitosamente: Cuba, Vietnam, China- la crisis sanitaria golpeó duro. ¿Por qué? No porque la enfermedad sea realmente algo tan altamente letal; los países socialistas, aunque de esto no hablen los medios comerciales, pudieron controlarla a partir de una planificación con un Estado que vela realmente por la salud de la población. Ahí está la verdadera diferencia.

 

En Guatemala la presencia del coronavirus vino a hacer más patente lo que ya se sabe: que estamos ante una sociedad tremendamente desigual, donde la riqueza producida se reparte muy inequitativamente, y donde el Estado, como supuesto regulador de la vida social, no vela realmente por los intereses de las grandes mayorías.

 

Esto puede verse en que una muy amplia masa de trabajadores no cobra siquiera el salario mínimo. Salario, por otro lado, que no alcanza para cubrir las necesidades elementales de sobrevivencia. El salario mínimo representa más o menos un tercio de la canasta básica. Además, una enorme cantidad de trabajadores no goza de los beneficios sociales establecidos por ley, no recibe los aportes patronales para el Seguro Social, no tiene aporte jubilatorio, muchas veces se retacea el pago del aguinaldo o del Bono 14. Todo lo anterior con el beneplácito de los gobiernos de turno, lo que evidencia que los mismos no trabajan para mantener la equidad social sino solo beneficiando a determinados grupos (léase: el poder económico).

 

En muchas ocasiones los finqueros de las zonas norte del país, en los departamentos de Alta y Baja Verapaz, Izabal, Petén, arremeten contra los pueblos originarios quitándoles sus territorios. Esto se difunde muy poco por los medios de comunicación masivos, que son empresas comerciales que repiten el mensaje de los grupos dominantes, en este caso, de los terratenientes de la zona. Allí no se mencionan los abusos que están cometiendo guardias privados, muchas veces con la complicidad de fuerzas estatales, contra los campesinos del lugar, quitándoles tierras para sus negocios, para las plantaciones de palma aceitera, desviando ríos para sus centrales hidroeléctricas, muchas veces para la instalación de pistas de aterrizaje o laboratorios para el procesamiento y/o trasiego de drogas ilegales. A quienes protestan contra esos atropellos, se les calla, muchas veces con el asesinato.

 

Evidentemente esta democracia formal que se está viviendo desde hace ya más de 30 años no está sirviendo para resolver problemas ancestrales. Llegó la pandemia, y además de la interminable cantidad de muertos que produjo (en Cuba no fue así), permitió que los grandes capitales de siempre sigan imperturbables con sus negocios mientras la población sufre. Hospitales colapsados, gente con hambre agitando banderas blancas, desocupados que perdieron sus trabajos, población con lo que ahora se llama teletrabajo más explotada que antes y una clase dirigente que sigue enriqueciéndose, con un estamento político que le facilita sus negocios: esa es la situación. El COVID-19 pone más al descubierto cómo funciona realmente el país: grupos dominantes que lo único que buscan es su enriquecimiento y una gran masa de población resignada, que tiene como única salida marcharse a Estados Unidos en condiciones de precariedad total. ¿Hasta cuándo?



domingo, 1 de agosto de 2021

ENTREVISTA

https://insurgente.org/marcelo-colussi-cuba-no-cae-porque-pueblo-y-gobierno-estan-en-conjuncion-y-es-realmente-socialista/

 

El compañero Marcelo Colussi nació en la argentina ciudad de Rosario, la misma que vio nacer al Guerrillero Heroico Ernesto Che Guevara. En Argentina estudió Psicología y Filosofía. Ha vivido en varios países de América Latina y en la actualidad, desde hace dos décadas, reside en Guatemala. Colussi es catedrático universitario e investigador social y publica sus escritos en varios medios alternativos.

 

Colaborador habitual de insurgente.org, ha accedido a responder a las preguntas que le hemos formulado. Buen conocedor de la realidad latinoamericana, Marcelo nos habla de Cuba y su Revolución, de su Argentina natal y, por supuesto, del país centroamericano donde, como hemos señalado, pasa sus días.

 

Marcelo Colussi tiene publicaciones en el área de las ciencias sociales, pero también ha incursionado en el campo literario con una sucesión de cuentos realmente interesantes.

 

La entrevista la presentamos en 10 vídeos-audios. En los 4 primeros de ellos residen las preguntas y respuestas en relación a Cuba revolucionaria; en los 3 siguientes es Argentina la protagonista; con Guatemala (3 últimos vídeos-audios) cerramos el trabajo.