domingo, 15 de mayo de 2022

¡UY..., ME OLVIDÉ!

Roberto no entendía en qué habían fracasado. Su esposa, Graciela, y él, eran normales padres de familia. Profesionales ambos, llevaban una vida relativamente tranquila.

Bueno... "relativamente", dijimos, pues al llegar a la adolescencia su hijo mayor, Sebastián, comenzaron los problemas. Los dos vástagos (el varón y la nena: Sofía) habían sido siempre buenos alumnos, más aún Sebastián. Materialmente no les había faltado nada. Si bien no vivían en la opulencia, los ingresos como arquitectos de los dos padres les habían permitido una acomodada vida de clase media.

A los 14 años Sebastián probó su primer cigarro de marihuana. A partir de ahí, la carrera de adicciones no tuvo freno. Pasó por todas las sustancias psicoactivas, llegando a conocer la heroína en algún momento. A los 17 era ya un consumado adicto.

Sus padres ya no sabían qué hacer, en especial Roberto, a quien más mortificaba la situación. Habían probado con todo: psicólogos, psiquiatras, consejeros juveniles, internación en centros de rehabilitación. En secreto, desesperada ya, Graciela había consultado con un curandero de larga trayectoria en la ciudad. Pero nada había resultado.

A Roberto le había impresionado siempre aquello de la "necesidad de normas" con que insistían los diversos psicoterapeutas que habían visitado. En otros términos, "mano dura", según su particular modo de entender las cosas.

Con esa idea en la cabeza, una vez llamó a Sebastián a su estudio. Para ese entonces el joven estaba repitiendo por segunda vez su tercer año de bachillerato, y los estragos de las drogas se dejaban ver en su rostro y en su forma de caminar.

"¿Qué pasó, viejo?", preguntó el muchacho en actitud desafiante al entrar a la oficina. Roberto, que hacía tiempo ya lo estaba esperando, repentinamente esgrimió una pistola. La sorpresa de Sebastián fue mayúscula. Quedó petrificado.

Con voz enérgica, el padre se dirigió autoritario a su hijo:

"Ya hemos probado de mil maneras para que dejes las drogas... ¡pero nada!". Fue elevando el tono de voz. "Ya estamos cansados, tremendamente cansados tu madre y yo. Y creo que no hay derecho que nos hagas sufrir tanto"-

Diciendo todo eso dirigió el cañón de la pistola hacia la frente del joven, a quien no le salían las palabras y tenía su frente bañada de sudor frío. Los sonidos entrecortados que pudo balbucear no se entendieron.

"Es la última vez que te lo digo: si vemos de nuevo que hay drogas... te vuelo la mano derecha de un balazo, ¿entendiste?". Terminando de decir eso, el balazo certero entró por el entrecejo del joven. La desesperación de Roberto fue indecible.

Años después, cuando lo atendía en un sanatorio psiquiátrico en las montañas de M. -paraje de ensueño rodeado de bosques fríos pero que no alcanzaba para detener tanto sufrimiento- tuve ocasión de preguntarle por qué lo hizo, por qué disparó.

"No me lo va a creer, doctor, pero solo quería darle un susto... ¡Me olvidé de poner el seguro!"




 

sábado, 14 de mayo de 2022

viernes, 13 de mayo de 2022

EN CUBA HAY QUE HACER COLA PARA COMPRAR PAN…

¡Pero toda su población come! ¡¡No hay UNA sola persona desnutrida!! No hay lujos, no es fácil encontrar la más refinada repostería VIP que se halla en otros países.

 

En otros países sí hay la más refinada repostería VIP, y panes para todos los gustos. Pero el grueso de las poblaciones no puede comprar todo eso. No olvidemos que diariamente en el mundo mueren alrededor de 20,000 personas DE HAMBRE, en tanto sobra comida.

 

Para graficar este absurdo difícil de entender: Guatemala produce panes exquisitos, pero la mitad de su población infantil sufre desnutrición crónica.

 

¿CÓMO EXPLICAR ESTO?



jueves, 12 de mayo de 2022

SANGUINARIOS HUMANOS

Los seres humanos nos decimos civilizados. Y en realidad, lo somos: hacemos cosas que ningún animal hace, por más depredador que sea. Nuestro supuesto “instinto” asesino está muy civilizado. Los carnívoros no se tientan con la sangre derramada por el puro placer de verla, excitándose así. Los humanos sí. Ahí están las corridas de toros, las riñas de gallo o de perro, las peleas de box, curiosas obras de la civilización humana.



miércoles, 11 de mayo de 2022

MISS JOHNSON

Fiscal: Entonces, ¿usted la mató?

 

Acusada: Fue mi mano quien lo hizo, pero no podría decir que fui yo. Fueron las circunstancias, fue la historia.

 

Fiscal: Eso no es una respuesta lógica. ¿Cómo que su mano? Su mano es suya. Usted la mató. No responda con evasivas.

 

Acusada: No son evasivas, señor Fiscal. Sí, yo la maté, nunca lo he negado. Pero, ¿sabe usted por qué lo hice?

 

Fiscal: Porque es una asesina, y eso debe pagarlo. Con cárcel, o quizá con la vida.

 

Acusada: Es fácil decirlo así. Pero no deje de considerar que usted me acusa con toda esa fuerza, hasta con odio diría, porque es blanco.

 

Fiscal: ¿Y eso qué tiene que ver?

 

Acusada: ¿Cómo que qué tiene que ver? Usted nunca podría entender lo que siente la población negra de este asqueroso país. Menos aún, lo que siente una mujer negra.

 

Fiscal: Está exagerando. Esas son evasivas para no reconocer su culpabilidad. Pero usted mató de 18 puñaladas a la Sra. Nancy Miller el día 23 de febrero de 1921. ¿O va a negarlo?

 

Acusada: Claro que la maté. Sé que eso está mal, que no hay que matar. Violé un mandamiento bíblico. Moralmente es incorrecto. Lo reconozco. Pero si fuera un hombre blanco seguramente no correría la misma suerte que una mujer negra, nieta de esclavos.

 

Fiscal: Insisto, Sr. Juez, y estimada Srta. Kamali Johnson: esas son estupideces, meros distractores que intentan desviar su culpabilidad.

 

Acusada: ¡Soy culpable de haber asesinado a esa cretina de Nancy Miller! ¡¡No lo niego!! Pero tengo sobradas razones para haberlo hecho, y ustedes, todos blancos y mayoritariamente hombres, no pueden entenderlo.

 

Fiscal: No se sulfure, por favor. Si no, tendré que pedirle a Su Señoría que la retire de la sala y proseguiremos el juicio sin su presencia.

 

Acusada: Ustedes no están entendiendo.

 

Fiscal: ¿Qué es lo que no entendemos, Srta. Johnson?

 

Acusada: Que sí, fue mi mano la que empuñó ese cuchillo, pero que fue una larga historia la que me llevó a ello.

 

Fiscal: Eso suena a poesía, a metafísica. Y aquí estamos en un juicio oral y público en el estado de Alabama. Aquí no filosofamos, no perdemos el tiempo. Aquí juzgamos a criminales, y usted es una criminal que merece pagar su crimen.

 

Acusada: No se sulfure usted. Vea: más criminales son los blancos que trajeron a mis abuelos como esclavos a esta tierra desde nuestra África natal. Más criminales son los hombres blancos que violaron y violaron sin piedad a mi abuela, y también a mi madre. Más criminales son los blancos que, aunque nos dieron esto que llaman libertad, nos siguen tratando como basura.

 

Fiscal: Srta. Johnson: me parece que se está extralimitando.

 

Acusada: ¡¿Extralimitando?! ¡No me haga reír! ¿Sabe usted quién se extralimita? Ustedes, los blancos. ¿Sabe por qué maté a esta mujercita?

 

Fiscal: ¡Porque usted es una asesina!

 

Acusada: Eso dice todo y no dice nada. Ustedes son infinitamente más asesinos que yo. ¿Sabe lo que me hacía la tal respetable Sra. Miller? Me obligó a tener sexo con su hijo mayor, para que el joven se estrenara con una mujer cuando tenía 17. ¿Qué diría si eso le hicieran a su hija o a su esposa, o a su hermana? ¿Sabe por qué maté a esta perra? Porque me hacía lavar su inodoro con las manos, sin guantes.

 

Fiscal: Todo eso no justifica un asesinato, Srta. Johnson.

 

Acusada: Tal vez no lo justifica, pero sí lo explica. Usted, hombre blanco, exitoso miembro de una corte, que no necesita lavar la caca de otros con sus manos, que no se siente humillado día a día, que no tiene que comer parado y a las apuradas, que no tiene horario para trabajar, bajo la lluvia o el sol, que no recibe insultos continuamente por su color de piel, ¿podrá entender lo que significa ser tratado como animal?

 

Fiscal: A usted nadie la está tratando como animal. Está en un juicio con un abogado defensor donde se le respetan sus sacrosantos derechos civiles. Usted está en el país más civilizado del mundo, con libertades y democracia.

 

Acusada: ¡Por favor! Me parece absurdo lo que dice. ¿Libertad y democracia? Ja, ja, ja… Entonces, ¿qué dice de los esclavos? Aunque ahora ya no llevamos cadenas, los grilletes permanecen.

 

Fiscal: Usted no lleva ningún grillete.

 

Acusada: ¿Cómo que no? Los grilletes no son solo físicos. ¿Sabe lo que hacía el honorable y respetado Sr. Miller, dueño de una plantación donde trabajaron mis abuelos como esclavos, y mi madre como criada, siendo ya una mujer “libre”? ¡Me obligaba a hacerle sexo oral sin que su adorada y respetable mujercita se enterara! ¡Y me obligaba bajo amenaza de muerte! Por supuesto, nadie sabía de eso en la respetable familia de este respetable país tan democrático.

 

Fiscal: Eso no tiene nada que ver, no justifica una muerte.

 

Acusada: ¿Le parece? ¿Está tan seguro? ¿Y puede llamar vida a la que yo llevaba en esa casa? ¿No era una muerta en vida?

 

Fiscal: A usted, Srta. Johnson, nadie la agredió.

 

Acusada: ¿Usted está loco? ¿Y qué era todo eso que le estoy contando?

 

Fiscal: Son exageraciones.

 

Acusada: ¿Exageraciones? ¿Cómo puede decir eso? Sistemáticamente, todos los días, tanto el matrimonio como sus seis hijos, me vivían maltratando, tratando de negra de mierda, obligándome a trabajar 12 o 14 horas diarias, sometiéndome a vejámenes. ¿Dónde está la tierra de la democracia y la libertad?

 

Fiscal: Si la maltrataban, podría haber buscado otro trabajo.

 

Acusada: ¡Qué fácil lo ve usted! ¿Y cómo piensa que tratan a las mujeres negras en otros trabajos? Igual o peor.

 

Fiscal: Volvemos al principio: nada justifica un asesinato.

 

Acusada: Seguro que seré condenada. Eso ni lo dudo. Pero espero que esta próxima muerte casi segura que me espera sirva, en algún momento, para hacer justicia. No queremos la venganza de los negros contra los blancos. Eso no está bien. ¡Queremos, pedimos, exigimos justicia!

 

Fiscal: Sr. Juez: creo que quedó más que evidenciado que la Srta. Johnson es culpable de asesinato. Ella misma lo reconoce abiertamente.

 

Acusada: Claro que lo reconozco, nunca lo negué. Me enloquecí y entonces hice algo que no debería haber hecho. Pero lo que no queda claro, y espero que alguna vez la historia se encargue de demostrar, es que los asesinos son ustedes. Su riqueza, la de los terratenientes blancos que se llenan la boca hablando de democracia y libertad, reposa en la sangre de los negros y las negras que trajeron en condición de esclavitud. ¡No se olviden!




martes, 10 de mayo de 2022

PARA PENSAR

Freud, fundador del psicoanálisis, veía con buenos ojos la revolución socialista de Rusia en 1917. Pensaba que a partir de un marco social nuevo, con una nueva ética, nuevos valores, nuevo proyecto civilizatorio, podría surgir un sujeto nuevo, “menos conflictuado” del que somos hoy día. La idea de comunismo mantenida por Marx (“De cada quien según sus capacidades, a cada quien según sus necesidades”), igualmente abre una esperanza a futuro, superando el estrecho marco del consumismo individualista.

 

Ahora bien: articulando ambos pensamientos revolucionarios, ambos de una fabulosa profundidad humana, puede hacerse esta pregunta: ¿Por qué al llegarse a la agricultura y a la producción de un excedente social hace 10,000 años, en vez de repartirse ese plus producto de forma equitativamente solidaria, surgieron las clases sociales donde una pequeña minoría se apropia esa riqueza, y una gran masa no deja de trabajar para solventar esos privilegios?



lunes, 9 de mayo de 2022

JUVENTUD EN LATINOAMÉRICA

“Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”, decía Salvador Allende en el Chile socialista de 1970. Hoy pareciera que la juventud en Latinoamérica discurre entre modelos muy distintos: o se es sospechoso de violento (por ser pobre, por estar excluido, por portar los emblemas de la disfuncionalidad –tatuajes, cierta ropa, provenir de una barriada pobre y marginal, el color de la piel, etc.–) o se es un joven “comprometido” desde estos nuevos esquemas de participación que son los voluntariados: compromiso light, despolitizado, en sintonía con la idea de responsabilidad social empresarial. O busca como sobrevivir, pensando en salidas individuales, porque el mundo orilla a eso. O, si no encuentra su lugar aquí, lo encuentra migrando hacia el “sueño americano”. Aunque, claro está, la realidad es infinitamente más compleja que eso: la juventud, retomando lo dicho por Allende, no puede dejar de ser rebelde. Y eso, guste o no, es un eterno fermento de cambio, aunque se la disfrace de lo que se quiera.