miércoles, 10 de marzo de 2021

VACUNAS CONTRA EL CORONAVIRUS: ¿POR QUÉ FALTAN?

“El mayor problema que existe en el control de la pandemia hoy en el mundo es la falta de las vacunas contra el coronavirus, escasez que incluso se da en los países considerados ricos a los dos lados del Atlántico Norte, lo cual es absurdo, pues los países ricos (y, por cierto, un gran número de países pobres tienen los recursos para producir tales vacunas). En realidad, el desarrollo de la parte más esencial en la producción de las vacunas más exitosas [en el mundo capitalista occidental, sin considerar la rusa ni la china] (Pfizer y Moderna) se ha hecho con fondos públicos, en instituciones públicas, en los países ricos (y, muy en especial, en EEUU y en Alemania). (…) La industria farmacéutica, que sin este conocimiento básico no podría desarrollar las vacunas, utiliza dicho conocimiento para avanzar en su dimensión aplicada, es decir, la producción de las vacunas. (…) Esos mismos Estados ofrecen a las farmacéuticas un gran regalo al garantizarles el monopolio en la venta del producto durante muchos años, que pueden llegar hasta veinte, lo que les asegura unos beneficios astronómicos (los más elevados del sector empresarial de cualquier país). Ahí está el origen de la escasez de vacunas. Es tan simple como esto. La propiedad intelectual, garantizada por los Estados y por las leyes del comercio internacional y sus agentes, es la que crea una escasez "artificial" de vacunas, lo cual genera unos beneficios astronómicos a costa de no tener suficientes vacunas para paliar las graves consecuencias de la pandemia y prevenir la muerte de millones de seres humanos. (…) La optimización de la tasa de ganancias es un principio insuficiente y enormemente peligroso para la salud de la población (la escasez de vacunas es un ejemplo de ello).

Vicenç Navarro

 


martes, 9 de marzo de 2021

GUATEMALA: ¡DISPAREN CONTRA LA UNIVERSIDAD PÚBLICA!

“Nosotros, como Ejército, durante la guerra teníamos tres prioridades de descabezamiento: el Triángulo Ixil en Quiché, los Cuchumatanes en Huehuetenango y la Universidad de San Carlos, cueva de guerrilleros”.

Ex oficial del Ejército de Guatemala en charla pública

 

En Guatemala, Centroamérica (décima economía de América Latina, pero con una de las mayores inequidades en la distribución de esa riqueza en todo el mundo), en estos días se libró orden de captura contra el actual rector y contra un ex rector de la universidad pública, la tricentenaria San Carlos de Guatemala –USAC–, una de las más viejas del continente americano. Ambos, como medida para evitar la prisión, “aparecieron” enfermos y hospitalizados. Curiosa enfermedad, por cierto.

 

No vamos a entrar en el análisis de ese hecho en concreto, porque carecemos de todos los elementos para ello. Se ha especulado que la medida, llevada adelante por la Fiscalía Especial contra la Impunidad –FECI– del Ministerio Público (creada a partir de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala –CICIG– por sugerencia del gobierno de Washington) es una señal del nuevo gobierno de Joe Biden que intenta retomar la lucha contra la corrupción impulsada anteriormente por la administración demócrata de Barak Obama, abandonada durante los cuatro años de presidencia de Donald Trump. Sin que ello sea ahora determinante para el presente texto, lo cierto es que, como cosa insólita en el mar de corrupción e impunidad que campea por las instituciones guatemaltecas, en este momento la medida muestra que empiezan a soplar nuevos aires. “Casualmente” estos días, también, el titular de la FECI, Juan Francisco Sandoval, recibió el premio “Campeones Internacionales Anticorrupción” otorgado por el gobierno estadounidense, y casi a diario se conoce de la “honda preocupación” de la Casa Blanca por la corrupción en el país centroamericano.

 

En modo alguno el imperialismo de Estados Unidos se está “abuenando”; puede suceder, en todo caso, que se retoma la estrategia de fortalecer administraciones nacionales en Centroamérica mediante la lucha contra la corrupción, buscando que se dé mayor inversión social en estos países (Guatemala, Honduras, El Salvador), evitando así tanta migración de desesperados pobladores de la región hacia el “sueño americano”. Esa era la iniciativa de la Alianza para la prosperidad del Triángulo Norte de Centroamérica, abandonada por Trump. Todo indicaría, ahora sin la CICIG, pero con otros actores, que se relanza el proyecto.

 

Lo cierto es que estos dos funcionarios de la tricentenaria casa de estudios, presuntamente vinculados a actos de corrupción, en tanto cabezas visibles de la universidad más grande del país, la única pública y que acoge al 50% del estudiantado de educación superior, necesariamente plantea preguntas. ¿Por qué puede suceder esto? ¿Cómo es posible que un centro universitario esté vinculado a mafias delincuenciales y pesen sobre él denuncias que le unen a lo que se ha dado en llamar Pacto de Corruptos? (es decir: contubernio entre clase política, crimen organizado, ex militares, cierto empresariado). El epígrafe comienza a dar alguna pista. Luego de los años de guerra interna, la universidad pública fue virtualmente descabezada (se asesinó a lo más connotado de su inteligencia: docentes y estudiantes, y quienes sobrevivieron, tuvieron que marchar al exilio), abriéndose la posibilidad de instalar allí las más cuestionables “roscas”, mafiosos grupos de interés con poca o ninguna vocación académica, que dirigieron a la baja la investigación y el pensamiento crítico. Es por eso que hoy la San Carlos, que fuera una gloria nacional alguna vez convocando admiración en toda el área centroamericana, actualmente languidece, presentando esta patética imagen.

 

La gran mayoría, por no decir la totalidad de quienes lean este opúsculo en Guatemala –en general jóvenes de clase media, varones y mujeres, muchos: también trabajadores, pero muchos sólo estudiantes–, algunos de origen maya, aunque en su gran mayoría no-mayas– son unos privilegiados. ¿Por qué? Porque conforman el escaso porcentaje de población que tiene la dicha de cursar estudios universitarios: un 3% del total nacional.

 

Definitivamente eso es una suerte. En un país donde el nivel de analfabetismo abierto llega al 13% del total de la población (entre muchas mujeres mayas del interior llega al 100%), y el analfabetismo funcional (dificultad para entender lo que se lee), al menos, al 60%, tener la posibilidad de alcanzar un aula universitaria es todo un don, un verdadero motivo de orgullo. En la amplia mayoría de la población, terminar la escuela media es ya un logro de magnitud; la universidad sigue siendo un lujo bizantino.

 

Estudiar una carrera universitaria ha sido, sigue siendo y todo indica que, al menos en el corto plazo, seguirá siendo un privilegio reservado a pocos. En un mundo dirigido cada vez más por grandes capitales donde, para “triunfar”, hay que estar crecientemente “preparado”, los estudios universitarios –y hoy también los de post grado– son una clave definitoria. Por tanto, quienes acceden al nivel superior tienen asegurado, de terminar exitosamente sus estudios, un mejor pasar económico que quien no fue beneficiado por esa situación.

 

Dentro de esa lógica tener un título universitario es un seguro pasaporte al bienestar. Un universitario graduado –verdad inobjetable– tiene mejor nivel económico que alguien sin título. Incluso hoy ya pasa a ser “necesario” un nivel de maestría para el mercado laboral. Ello no garantiza la real calidad académica, pero sí brinda los papeles que abren puertas. De ahí lo de “privilegiado” para quien tiene un cartón de esos.

 

Ahora bien: ¿qué decir del papel de la universidad –no solo de la San Carlos sino también de todas las privadas– en la sociedad actual, la guatemalteca o la de cualquier país capitalista? La respuesta inmediata es: está para brindar la formación de profesionales, la promoción de mano de obra calificada. Paralela a esa formación técnica para el trabajo viene la otra, la que no se ve en lo inmediato: la formación ideológica, la transmisión de valores, de esquemas de pensamiento. Y es preciso decir que, hoy por hoy, la universidad –al menos en términos generales– prepara a sus graduados para ser un profesional sabedor de esos privilegios (de esa minoría que se encuentra en el bajísimo porcentaje de quienes disponen del preciado cartón), y que, por tanto, se “siente más”.

 

Pero la universidad –en este caso la pública – puede, o debe, ser otra cosa. Eso es lo que buscó durante los años de mayor politización, cuando la guerra interna, entre los 60 y los 80 del pasado siglo, lo que motivó esa intervención del Estado contrainsurgente (véase nuevamente el epígrafe). Según lo indicado por la constitución nacional de Guatemala, según su Artículo 82: la USAC “cooperará al estudio y solución de los problemas nacionales” [elevando] “el nivel espiritual de los habitantes de la República, promoviendo, conservando, difundiendo y transmitiendo la cultura”. Es decir: no sólo es la instancia educativa encargada de graduar a los profesionales; tiene en sus manos otro cometido: ayudar a resolver los problemas nacionales.

 

Si vemos nuestra realidad latinoamericana, no pareciera que ese sea hoy día el papel dominante de las casas de altos estudios, ni en Guatemala ni otros países, salvo Cuba. Según lo expresa sin tapujos el sociólogo venezolano Vladimir Acosta “uno de los grandes problemas de las universidades, de nuestras universidades [latinoamericanas], es que son unas universidades colonizadas, dependientes, subordinadas a una visión derechista, globalizada, eurocentrista, blanca y gris de mirar el mundo. Son universidades donde los saberes se disocian, se fragmentan, justamente para impedir una visión de totalidad, y para hacer del estudiante que se gradúa, que egresa como profesional, un profesional limitado, con una visión burocrática profesional, orientada en lo personal a hacer dinero, y en la visión que se tiene a encerrarse dentro de un marco profesional sin tener conocimiento de su identidad, de su historia y de su compromiso con su país”.

 

En Latinoamérica las universidades tienen una larga historia. La primera nace en 1538, en Santo Domingo. Todas las que se van fundando reflejan el modelo medieval traído de Europa, asociado con los poderes de la realeza y la iglesia católica. La preparación profesional se separaba de los centros de generación del conocimiento. Frente a este modelo de profesional liberal surge otra concepción en Alemania, donde aparece la “universidad de investigación”. Allí la enseñanza técnica se combinaba con la generación del conocimiento puro y la ciencia, lo cual tuvo el valor de una verdadera revolución académica. Ese esquema investigativo fue consolidándose en Europa durante el siglo XIX y luego en Estados Unidos, acorde al crecimiento económico que iba impulsando más y más desarrollos técnicos para la floreciente industria. El modelo se solidificó y es el imperante hoy día, en el que se da una asociación directa del conocimiento generado en la universidad con su aplicación práctica en la esfera económica, vía empresas privadas básicamente (al menos en el capitalismo). En el transcurso del siglo XX la investigación científico-técnica terminó por ligarse enteramente al crecimiento económico, y las ciencias pasaron a ser el sostén de la industria moderna. El modelo universitario, por tanto, pasó a ser una actividad inseparable del crecimiento económico del capitalismo desarrollado.

 

En el siglo XXI esa tendencia se mantiene y profundiza, más aún con los nuevos paradigmas de producción caracterizados por la globalización de la economía y el paso hacia la “sociedad de la información y el conocimiento”, basada cada vez más en tecnologías de punta. La tendencia es poner la universidad de investigación al total servicio del mercado, llegando así a la noción de “universidad empresarial”, donde lo que cuenta es la óptima relación costo-beneficio concebida desde el lucro y donde se va esfumando la idea de desarrollo social, de extensión y servicio comunitario. Todos estos procesos de privatización, surgidos en los países que marcan el rumbo –las potencias capitalistas–, llegan a la región latinoamericana como tibia copia. No hay, en general, procesos con dinámicas propias. Siempre se ha tratado de imitar al Norte, visto como opulento y modelo a seguir.

 

¿Y qué hay de lo declamado en la constitución guatemalteca entonces en relación a la Universidad de San Carlos, aquello de “cooperar al estudio y solución de los problemas nacionales”? Hoy por hoy: ¡nada! ¿Qué significa que un rector y un ex rector de la universidad pública caigan presos por actos de corrupción? ¡Es patético! Muestra que esa institución funciona como mafia al servicio de la privatización de la educación superior (en el país, con tan bajo índice de universitarios… ¡hay 14 universidades privadas!) y como engranaje del Pacto de Corruptos, siguiendo con el cumplimiento a cabalidad de lo implementado en la pasada guerra: ¡se la destruyó por ser “cueva de guerrilleros”! Y se la sigue destruyendo.

 

La misión urgente, por tanto, es rescatarla.



lunes, 8 de marzo de 2021

HAY QUE TERMINAR CON EL PATRIARCADO

La situación de marginación y violencia que sufren las mujeres afecta al colectivo femenino, obviamente. Pero eso es un problema de corte social que involucra a toda la población. Por tanto, en la solución de tremendo problema deben participar tanto mujeres como varones. Como todo asunto social, es político, ideológico-cultural, por tanto, masivo, colectivo.

 

A través de la historia ha primado siempre la supremacía masculina. Las diferencias sexuales anatómicas conllevan diferencias psicológicas; esto no explica –mucho menos justifica– la posición social del género femenino. La fortaleza física varonil no revela el por qué de la discriminación de las mujeres; ello debe buscarse totalmente en el orden social. Se trata de un ordenamiento de poderes, algo absolutamente construido, que así como se fue instituyendo, puede –¡y debe– se deconstruido, abolido.

 

En los humanos no hay correspondencias biológico-instintivas entre machos y hembras sino ordenaciones entre hombres y mujeres; entres caballeros y damas (¿en qué gen está escrito que los primeros no lloran y juegan fútbol mientras las segundas son “tiernas y débiles” y juegan muñecas? El celeste o el rosa son códigos culturales, no más). El acoplamiento sexual no está determinado/asegurado instintivamente (hay homosexualidad, votos de castidad, autoerotismo, infinidad de prácticas que sin ser genitales definitivamente son sexuales). Masculinidad y femineidad son construcciones simbólicas, ligadas más a la psicología humana y a los determinantes socio-culturales que a los órganos sexuales. Los géneros son edificaciones históricas.

 

Todas las civilizaciones giraron siempre en torno a la detención del poder. Las mujeres –salvo casos puntuales– como género han estado excluidas de su ejercicio. El poder, considerado en ese orden, se ha construido de forma masculina. Su representación –cosa que se repite en distintos modos civilizatorios– hace alusión a lo fálico, a lo varonil (bastón de mando, báculo, cetro dorado).

 

En las distintas culturas, actuales o históricas, los estereotipos de género se dan sin mayores variedades: lo masculino = poderoso, activo; lo femenino = sumiso, pasivo. El poder, en esa lógica, se ha construido en términos masculinos. En esto el género femenino ha quedado en inferioridad. Si hay mujeres poderosas su arquetipo participa de las características ligadas universalmente a lo masculino: “una mujer que se sabe poner los pantalones”.

 

Entre los derechos humanos se encuentran los derechos de las mujeres. Ellos son específicos en cuanto género, distintos y con particularidades propias por su condición diferente en relación a los varones. Pero no debe perderse de vista que los derechos de las mujeres son derechos universales en tanto seres humanos: derecho a disponer de su propio cuerpo, derecho a ser consideradas como sujeto y no como objeto, junto a todos aquellos que podrían considerarse generales: civiles, económicos, culturales.

 

Todas las sociedades conocidas ofrecen diversas asimetrías, pero habitualmente se recalcan más las económicas. La exclusión de género no es vista con la misma intensidad. Sin restarle valor a las diferencias económicas, no debe olvidarse que las construcciones sociales, y sus críticas también, han sido siempre varoniles. Al hablar de marginación de género estamos refiriéndonos nada menos que a la mitad de la población mundial, lo cual no es poco. El trabajo doméstico, es decir: el cuidado cotidiano que todo el mundo (hombres y mujeres) necesita indispensablemente, así como la crianza de la prole, han quedado en general en manos femeninas. Por esa asimetría de poderes, el trabajo doméstico, entonces, se ha visto relegado a un nivel inferior, secundario. “¿Tu mamá trabaja? No: es ama de casa”. El trabajo doméstico, en general realizado por mujeres, no se paga, por tanto, se invisibiliza como trabajo. Eso vale para la mitad de la población mundial. Valga agregar que el 99% de las propiedades en el mundo están en manos masculinas.

 

Hombres y mujeres no somos iguales; pero no hay diferencias sociales, jurídicas y políticas –o al menos no hay nada que justifique esas diferencias– entre los géneros. Por tanto, como problema social, todo el colectivo debe cambiar la actual concepción.

 

EN ESE SENTIDO, EL PATRIARCADO ES UNA CONSTRUCCIÓN HISTÓRICA QUE DEBE SER ABOLIDA DE UNA VEZ. ¡PROFUNDICEMOS LO QUE YA SE ESTÁ HACIENDO! EL 8 DE MARZO, DÍA DE LA MUJER, ES UNA FECHA PROPICIA PARA RECORDAR ESA LUCHA, ¡Y FORTALECERLA!



domingo, 7 de marzo de 2021

MOVILIZACIONES: ¿SE NOS TERMINÓ LA ENERGÍA?

Motivos para seguir movilizándonos, protestando y buscando cambios, sobran en el mundo. ¿Qué pasó que, pareciera, se nos terminó la fuerza? ¿La pandemia nos tiene tan acallados? ¿Quizá las sutiles técnicas de control social? ¿No es hora de despertar?

 


sábado, 6 de marzo de 2021

EL SOCIALISMO Y LA CIENCIA

La prensa capitalista, o las innumerables películas de Hollywood que moldean las cabezas de la gente del llamado Occidente, presentan las sociedades socialistas como oprobiosas dictaduras sanguinarias y faltas de sutilezas, toscas, brutales. La realidad muestra todo lo contrario: los países que optaron por la vía socialista tienen descomunales desarrollos científicos y culturales, inimaginables muchas veces en el capitalismo. La Unión Soviética (primer satélite artificial de la historia, desarrollo espectacular de la energía atómica, Instituto Gamaleya de microbiología que dio lugar luego a la mejor vacuna anti-COVID), China (líder en tecnologías telefónicas -5G y 6G-, líder en inteligencia artificial, en robótica, actualmente en investigación espacial, en computación cuántica), Cuba (único país del Tercer Mundo inventor de vacunas anti-COVID y de numerosos tratamientos biomédicos únicos en el mundo, desarrollador de las más modernas técnicas de alfabetización), por dar algunos ejemplos de éxitos científico-culturares del socialismo, lograron avances fabulosos.

 

¿POR QUÉ QUIEREN HACER PASAR AL SOCIALISMO COMO ATRASADO SI ES ¡¡¡LA INDISCUTIBLE VANGUARDIA CIENTÍFICA DEL PLANETA!!!



jueves, 4 de marzo de 2021

FÚTBOL: PASIÓN DE MULTITUDES…. ¿O VIL DISTRACTOR?

Hecho absolutamente verídico ocurrido en un taxi en las calles de Barcelona, católico reino borbónico y hereditario de la democrática y civilizada España.

 

Chofer: ¿Dónde os llevo, mi amigo?

 

Pasajero: Plaza Sabadell, por favor.

 

Chofer: OK…. ¿Habéis visto el golazo de Messi de ayer?

 

Pasajero: La verdad que no….

 

Chofer: Uy…. ¡lo que os perdisteis! Fue mejor que aquel famoso gol de Maradona contra los ingleses.

 

Pasajero: Ah….

 

Chofer: Y ¿qué opináis?, ¿quién es mejor: Messi o Ronaldo?

 

Pasajero: No sé… Me da igual.

 

Chofer: OK….

 

SILENCIO POR UN MOMENTO….

 

Chofer: ¿Y qué pensáis de la Champion League? Para mí que esta vez le queda a la Juventus. Están muy fuertes.

 

Pasajero: Puede ser….

 

Chofer: Y del fútbol latinoamericano, ¿quién os gusta?

 

Pasajero: Mirad, sinceramente, y no os ofendáis: a mí mucho no me apetece el fútbol profesional.

 

Chofer: Vaya, de acuerdo….

 

SILENCIO POR UN MOMENTO….

 

Chofer: Entonces, los lunes, ¿de qué habláis?