martes, 17 de marzo de 2020

DIOS NOS PROTEJA…




¿Sabías que la gripe común, según datos de la Organización Mundial de la Salud -OMS- mata un promedio de 1,650 personas DIARIAS en el mundo, en tanto que el coronavirus tiene una letalidad de 77 personas fallecidas por día? Llamativo tanto preparativo ante esta nueva epidemia, ¿no? ¿Por qué ahora preocupa TAAAANTO nuestra salud?

Por suerte, hay quienes oran por la Humanidad. Y también, con los pies muy sobre la tierra -como vemos en el comunicado- siguen recibiendo ofrendas para solidificar su oración.



domingo, 15 de marzo de 2020

CORONAVIRUS… O EL FIN DEL MUNDO





Las alarmas se dispararon mundialmente. Llegó el Apocalipsis. ¿Qué sucede? Apareció un nuevo virus en la China (COVID-19) que, según la marea mediática global dominante, es más peligroso que la energía atómica desbocada, que la peste bubónica que mató un tercio de europeos en la Edad Media, virus ¡capaz de destruir el planeta! (¿se propagará también al sistema solar? ¿Matará alienígenas? ¿Estaba ya predicho por las Profecías de Nostradamus?)

Curioso, sin dudas. Su tasa real de mortalidad en la llamada Zona Cero (la ciudad china donde apareció el nuevo agente patógeno: Wuhan) es del 3%, en tanto que fuera de esa área se sitúa en el 0.7%. Pero vale aclarar que puede ser grave solo en personas de tercera edad o en quienes padecen insuficiencias inmunológicas. Es decir: no es la temible, espantosa, terrorífica calamidad que se pinta, que ataca a todo el mundo como las pintorescas películas hollywoodenses. La hidrofobia tiene una tasa de mortalidad del 95%; el ébola de 50%, el Síndrome Respiratorio de Oriente Medio -MERS- del 34%, el Síndrome Respiratorio Agudo Grave -SARS- del 11%. Hay enfermedades mucho más peligrosas, como la fiebre tifoidea, la hepatitis B, el Sika, con tasas de morbi-mortalidad mucho más preocupantes, pero eso no desata la actual histeria colectiva. Incluso hay estudios que entienden que las tasas de mortalidad del coronavirus serían todavía más bajas del 3%, puesto que existen muchos pacientes asintomáticos. En síntesis: su tasa de supervivencia más baja es del 97%, aunque es probable que ésta llegue o supere el 99.7 %. Definitivamente, el nuevo virus es dañino, pero en absoluto tiene la peligrosidad que las usinas mediáticas comerciales parecen conferirle. Es algo así como un resfriado. ¿Por qué la locura actual?

Siendo claros: la gripe común mata infinitamente más gente en el mundo que el dichoso coronavirus. Según datos de la Organización Mundial de la Salud -OMS- entre 500,000 y 650,000 personas fallecen anualmente a causa de la gripe. Y nunca, ningún gobierno ni agencia internacional, promociona tamaña parafernalia con ella como se ve ahora con el COVID-19: se suspenden congresos internacionales (el Mobile World Congress de Barcelona, donde China iba a exponer su portentoso poderío comunicacional con las tecnologías 5G), quizá los Juegos Olímpicos de Tokio, numerosos eventos globales, justas deportivas, se cierran ciudades, se paralizan vuelos comerciales, se decretan cuarentenas, se terminan las mascarillas por todos lados…, y el pánico generalizado se azuza de modo demencial. Los medios masivos de comunicación, curiosamente, en vez de tranquilizar los ánimos mostrando que la gravedad no es tan descomunal como sí sucede con otras afecciones, llevan la preocupación y el alarmismo a niveles llamativamente paroxísticos.

¿Qué está ocurriendo? ¿Por qué se da ese complejo fenómeno? ¿Por qué este resfriado pasó a ser una nueva plaga bíblica, capaz de borrar a la especie humana de la faz del planeta? Definitivamente, muy curioso. El coronavirus, independientemente de cómo se haya generado (se habló de arma bacteriológica china salida de control, o de ataque bacteriológico estadounidense contra el gigante asiático para parar su ascenso incontenible), no es la “peor maldición que haya caído sobre la humanidad”. De hecho, el presidente chino Xi Jinping acaba de visitar la ciudad de Wuhan para declarar que la epidemia está “contenida”. Y la misma OMS reconoce que el gobierno chino actuó perfectamente en términos sanitarios, conteniendo satisfactoriamente el virus. Pero, sin embargo, ese entre internacional declara “pandemia” por la propagación de la infección, con lo que se instaura este terror generalizado. Terror, si se observa cuidadosamente, infundado.

No hay dudas que, como cualquier virus nuevo, se abre un espacio de preocupación; el COVID-19 no se sabe aún cómo evolucionará, y por supuesto debe ser tratado con cuidado. Existe un riesgo, definitivamente. Lo altamente llamativo es que, al unísono, en todo el mundo -¿parece plan orquestado?- se crea este clima de locura generalizada, y los gobiernos, todos por igual, al igual que los medios masivos de comunicación, contribuyen a alimentar esta desesperación. Se acaban las mascarillas, la población abarrota los supermercados buscando jabón gel y papel higiénico (aunque no se sepa para qué), y el clima de película de terror de Hollywood parece ya instalado. ¿Qué sigue después? Según algunas investigaciones, el plan pergeñado (https://es.news-front.info/2020/03/13/la-pandemia-del-coronavirus-covid-19-el-verdadero-peligro-es-la-agenda-id2020/?fbclid=IwAR2T7QkzX598D62Wd_W1GAxbD_cmOdU-5d2q_sJDkjc6jgB4HYOCLdU-Zdc) puede ser diabólico. Por lo pronto, es realmente diabólico el tratamiento que se le está dando al problema. ¿Por qué hemos sido llevados planetariamente a este nivel de locura frenética?

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, afirmó que “este virus no respeta fronteras; no distingue entre razas o etnias; y no tiene en cuenta el PIB o el nivel de desarrollo de un país”. Es decir, es un virus “muy democrático”. ¡Alarma global con el coronavirus! Pero como dijo Luis Gonzalo Segura: “La ONU señaló en su informe de 2019 que durante 2018 alrededor de 113 millones de personas murieron de hambre, 143 millones de personas estaban cerca de perecer por este motivo y en total más de 800 millones de personas en el mundo padecían hambre. Sin embargo, esta epidemia no es contagiosa”. Del hambre, por supuesto, no se habla.

“Piensa mal y acertarás”, dice el refrán. El virus apareció en China; ¿hubiera causado el mismo escándalo si surgía, por ejemplo, en Uruguay, o en Noruega? ¿Se cubren periodísticamente con igual intensidad las muertes por hambre? En vez de salir corriendo desesperados a comprar papel higiénico, ¿qué tal si tratamos de informarnos críticamente un poco más de esto?



sábado, 14 de marzo de 2020

CORONAVIRUS: ¡QUE NO NOS GANA LA LOCURA COLECTIVA!




El coronavirus no es tan letal como otras enfermedades de las que ni siquiera se habla: ébola fiebre tifoidea, hepatitis B, SARS, etc. Su tasa de mortalidad es muy baja: 2%. Es más mortífera la gripe
Ahora se disparó una locura colectiva llamativa: ¿hay gato encerrado tras todo esto? De momento es imposible conocer en detalle qué se teje, pero como mínimo, huele raro.



viernes, 13 de marzo de 2020

EJÉRCITOS PRIVADOS




Desde la última década del pasado siglo la proliferación de empresas militares privadas, habitualmente conocidas como “contratistas”, ha tenido un aumento exponencial. Si bien muchas potencias las poseen, es en Estados Unidos donde se registra el mayor crecimiento. Entre otras pueden mencionarse: Academi (la más grande del mundo, anteriormente llamada Blackwater –nombre que debió cambiar por cuestiones de imagen al haber sido denunciada por tremendos excesos en las operaciones en que participó–, DynCorp, Aegis Defense Services, G4S, CACI, Titan Corp, Triple Canopy, Unity Resources Group, Defion International. 

Varios motivos explican este impresionante crecimiento: 1) el fabuloso negocio que representan. En la actualidad estos ejércitos privados mueven más de 100,000 millones de dólares al año. 2) Motivos de orden político: resentida aún del síndrome de Vietnam (con alrededor de 60,000 muertos), la clase dirigente estadounidense y su administración federal prefieren ocultar el número de bajas en sus aventuras bélicas. Los contratistas, al no ser soldados regulares de sus fuerzas armadas, pasan más desapercibidos para lo opinión pública. 3) Existe otro motivo más, no muy explícito, pero de gran peso: los mercenarios, por no ser miembros de una fuerza regular sino personal “independiente”, no están sujetos a regulaciones internacionales que norman las guerras, como las Convenciones de Ginebra. Si bien Estados Unidos firmó esos tratados, no los ratificó, por lo que no se somete a ellos. De esa cuenta, los ejércitos privados están en un cierto limbo legal, lo cual les excluye del Derecho Internacional. Así, las tropelías y excesos que puedan cometer (y que de hecho cometen) quedan relativamente fuera de toda normativa.




jueves, 12 de marzo de 2020

CANTO A LA PAZ







“Si quieres la paz, prepárate para la guerra”, decían los romanos. El mundo actual parece que se lo tomó en serio, porque la actividad humana más desarrollada es, justamente, la industria bélica.
¿Se puede vivir en paz?, es decir: ¿sin conflicto? Pregunta mal formulada, sin dudas. El conflicto -el choque, la confrontación, la polémica- es nuestra razón de ser. Punto.


¡Paz!
¿Paz?...
Palabra tan manoseada.
En tu nombre se cometen todos los días los peores atropellos.
¿Estás en algún lado?
No lo sé.
No lo sé, y poco importa, pues parece que a nadie le preocupa
realmente mucho tu situación.
La paz está en los cementerios… De eso no caben dudas.
¡pero allí hay solo cadáveres!
¿Podrá estar la paz entre los vivos?
Lo que palpamos a diario,
lo que nos duele cada día,
cada hora,
cada minuto,
es tu ausencia. O si se quiere: tu lejanía.
¿Dónde estás, Paz?
¿Quién te hirió de muerte?
¿Tal vez estés muerta? (Entre nosotros: ¿viviste alguna vez?)

Lo que conozco,
lo que conocemos y nos golpea,
nos humilla como Humanidad, nos escupe en la cara,
lo que nos sacude dondequiera,
no tiene nada que ver con la paz.
¿O todo eso es la paz? (humillaciones, afrentas, soportar con estoicismo, cerrar la boca).

Te emparentan con el Amor.
En tu nombre, y con amorosas palabras
nos desfiguramos,
somos una grotesca caricatura
de aquello que levantamos como lo más sublime.
¿Somos mentirosos entonces?
¿Por qué necesitamos invocarte a cada rato para hacer siempre lo contrario?
¿Por qué en nombre de la paz matamos, denigramos, torturamos,
podemos sentimos superiores?

Se habla de progreso, pero eso es siempre el sacrificio de muchos
para el bienestar de pocos.
Con una cruz cristiana y la Biblia bajo el brazo
Se masacró todo un continente…
Se aniquila, se tortura, se denigra…
¿Paz?

Se habla de bien común,
pero son pocos, muy pocos los invitados al festín
de los poderosos.
Con los símbolos de la paz y del amor
nos confinan a los mendrugos,
a las sobras, a la resignación.
Si se protesta, nos condenan.
Si no se protesta, nos matan.

Quienes somos víctimas –y la gran mayoría lo somos–
difícilmente podemos alzar la voz.
¿Acaso la paz es aguantar?
¿Es soportar con estoicismo? ¿Es apretar los dientes y sobrellevar las penas?

Nos enseñaron que ser pacíficos es tolerar, tener paciencia, sonreír siempre.
¿Realmente eso es la paz?
¿Quién dijo que a las mujeres les gusta ser sumisas,
que a los niños les gusta callarse ante los mayores
o que a los negros les gusta imitar a los ganadores blancos?
¿Quién formuló aquello que los trabajadores trabajan felices para su amo?

Con la mayor de las violencias nos obligaron
a creer en los dioses (¿amorosos y pacíficos?).
Quien se resiste a creer, puede ser condenado a la pira, al suplicio, al escarnio.
¿Paz?
Con la más grande ausencia de paz (¡sí, sí: de paz!)
nos obligan a uniformarnos,
a seguir la caravana,
a no abandonar el redil.

¿Y si reaccionamos?
¿Somos violentos si no usamos corbata,
si no estamos a la moda
o no saludamos cortésmente a nuestros explotadores?
¿Somos violentas (o locas) las mujeres si no queremos tener sexo un día?
¿Somos violentos si nos rebelamos contra el mundo?

Con la furia visceral más grande que exista
¿no podemos decir que no?
¿Quién dijo que la paz es quedarse sentado, mudo,
aterrorizado ante el que manda,
regocijándonos con las mezquindades y mediocridades
que ya aceptamos como normales?
¿Somos pacíficos si nos vamos tranquilos a dormir sin
indignarnos por lo que debe indignarse?
¿Dejamos de ser pacíficos si echamos a la hoguera del odio ancestral,
amasado en milenios de sometimiento,
todas nuestras opresiones?
¿Dejamos de fomentar la paz si nos levantamos contra esas opresiones?
Si “la violencia es la partera de la Historia”, ¿somos violentos
si abrimos los ojos algún día?
Paz, paz… ¿La de los cementerios entonces?
Si es cierto que la paz es la ausencia de guerra, ¿podemos quedarnos tranquilos
pensando que vivimos pacíficamente porque no suenan balas ni cañones?
La mujer golpeada,
el esclavo explotado,
el “inferior” despreciado,
el loco encerrado en su manicomio,
el engañado en cualquiera de las infinitas formas del engaño,
el despreciado por no ser del grupo dominante,
el que sufre hambre,
la que sufre violencia sexual,
el incomprendido que disiente siendo señalado,
el que sigue al rebaño porque no puede permitirse ser diferente,
el despreciado por ser diferente
¿viven en paz?

Quizá la paz es una aspiración.
Quizá no más -¡ni nada menos!- que eso.
Se busca, pero nunca se llega a tenerla…
porque los vivos no habitamos cementerios.

Quizá haya que apretar los dientes y destruir muchas cosas
para acercarnos a ella.
Con las tripas del último burgués
ahorcaremos al último burócrata.
Con las tripas del último papa
ahorcaremos al último rey.
Con las cenizas humeantes de lo viejo aborrecido
modelaremos la utopía.

miércoles, 11 de marzo de 2020

DÍA DE LA MUJER




Pasó el 8 de marzo, Día de la Mujer. Los varones que ese día regalaron flores o desearon un “feliz día” como si se tratara de un cumpleaños… ¿seguirán siendo machistas desde el día 9? El mundo, ¿dejó de ser patriarcal luego de esa “celebración”?

Sin dudas, queda mucho, mucho, muuuucho por recorrer aún para llegar a la equidad. Y eso no se logra con caras simpáticas de un día.